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Tendinitis Aquilea

¿Qué es?

Claves Tendinistis Aquilea

El término tendinitis viene de latín, “tendo o tendonis” que significa tendón, e “itis” que significa inflamación.

Los tendones están compuestos en gran parte por colágeno de tipo 1, unen al músculo con el hueso y son los encargados de transmitir la fuerza del mismo para provocar el movimiento.

Para muchos deportistas esta patología les será muy familiar, pues el tendón de aquiles es una de las zonas más afectadas en el deporte en general.

Es el tendón más fuerte del cuerpo y además interviene en la flexión plantar del pie cuando este se pone en punta, los músculos gastrocnemios y sóleo se contraen y el tendón aquileo tracciona del pie para despegar el talón del suelo y flexionar la rodilla.

Cuando por una acción traumática o por repetición este tendón se sobrecarga produce una  excesiva ruptura en sus fibras, esto produce inflamación y dolor.

¿Como atender Tendinitis Aquilea?

Al igual que cualquier proceso inflamatorio una de las claves es el tratamiento antinflamatorio y reposo fundamentalmente en su fase aguda, periodo que comprende desde las  primeras 24 a 72 horas.

Al realizar  este proceso se favorece la cicatrización del tejido y se ayuda a desinflamar la zona afectada.

Si realizamos esto correctamente ya tenemos una parte muy importante ganada pues esta lesión frecuentemente se cronifica por no seguir este principio básico y seguir realizando actividad que exige al tendón, manteniendo su inflamación y aumentando su rotura.

Pero esto no es todo pues pasado este periodo normalmente se sigue padeciendo dolor, aquí es donde el proceso de recuperación pasa a otro nivel.

Siendo necesario evaluar por parte de un profesional la postura y las consecuencias mecánicas que esta lesión haya podido causar en las articulaciones y el tejido blando siendo especialmente importante estudiar la columna lumbar, pelvis y miembros inferiores,( no solo el tobillo o el talón) porque la inmovilización y las consecuencias mecánicas ascendentes de las posturas antiálgicas que generan entre otras cosas el dolor, provocan adaptaciones que “irritan” la zona afectada provocando que esa sensación de dolor mejore pero no se termine de ir.

Es importante ir elongando poco a poco la fascia plantar, soleo y gastronemios así como toda la cadena extensora (isquios fundamentalmente) para que la fascia posterior se recupere y pueda trabajar de forma sinérgica, como estaba acostumbrada antes de la lesión.

Los ejercicios de fuerza o impacto que implican esta zona hay que introducirlos poco a poco para que no suponga un estrés a músculos  y tendones que tras tiempo inactivos y con una sensibilidad aumentada se acostumbren de nuevo a nuestra demanda.

Hay que entender que cualquier proceso lleva su tiempo y más cuando hablamos de un tendón que soporta todo el peso de nuestro cuerpo, esto no quiere decir que no nos podamos recuperar correctamente, pero si, que aquí más que nunca, hay que ser pacientes pues intentar ir más rápido de lo debido solo nos hará más lentos en nuestra mejoría.

Gaby Diaz (Osteópata) Socio de COFENAT num2120 

www.naturacurantur.com

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