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La biofotónica como herramienta para liberar el estrés

El estudio de la comunicación biológica cuántica, fue iniciado hace casi un siglo por el biólogo ruso Alexander Gurtwich, gracias al descubrimiento accidental de que las células se comunican por fotones. Posteriormente el biofísico alemán Fritz Albert Popp, ratificó este descubrimiento dando origen a la Biofotónica. Esta disciplina de la ciencia está siendo desarrollada principalmente en la facultad de Biología de Moscú, y por biofísicos alemanes, chinos e italianos en diversas instituciones.

Un cuerpo humano está compuesto por miles de millones de células y en cada célula se producen más de mil reacciones químicas por segundo. Esto requiere de una coordinación muy precisa; si las células de todo el organismo no actuaran coordinadas, la vida no se sostendría pues el organismo entraría en caos en pocos minutos.

La Biofotónica puede estar dando respuesta a lo que hasta ahora era un enigma para la ciencia: cómo se comunican entre sí las células de un organismo.

El Campo Coherente

Los biofísicos han desarrollado el concepto llamado campo coherente; un campo de ondas formado por fotones que comunica internamente y de forma instantánea todas las células del organismo entre sí, creando el orden entre ellas que conocemos como vida. En cada ser vivo existe un campo de luz ultra tenue que es el responsable de toda la coordinación psicofísica. Este campo comenzó a ser medido en la década de los 80 por los fotomultiplicadores desarrollados en Alemania por Popp y las cámaras de captura electrofotónica creadas en Rusia por el biofísico Konstantin Korotkov.

Cuando sucede una pérdida de coherencia en este campo causado por estrés, contaminantes, infecciones u otras causas, la comunicación entre las células se deteriora y comienzan a aparecer los desequilibrios psíquicos y físicos. Cuando se restablece la coherencia, el orden regresa.

La fotopercepción cutánea

En la década de los sesenta, el médico francés Paul Nogier, creador de la Aurículomedicina, descubrió el fenómeno de la fotopercepción cutánea. La piel es sensible a determinadas frecuencias de luz y el organismo reacciona a ellas como si le hablaran en su propio lenguaje. Nogier descubrió siete frecuencias fundamentales, como las siete notas musicales o los colores del arco iris.

Por ejemplo, emitiendo la primera frecuencia, la A, a un tejido, este se desinflama. Por tanto en el lenguaje del organismo, la frecuencia A correspondería a la palabra desinflamación. La frecuencia D lo regula cuando hay problemas psicosomáticos.  La frecuencia E es la frecuencia específica  del sistema nervioso autónomo; contribuye a disminuir el dolor y el estrés. Posteriormente otros científicos descubrieron nuevas frecuencias, que son palabras para comunicarse con el organismo en su lenguaje.

El campo de biofotones es una red dinámica y coherente de luz que regula el metabolismo de las células y el organismo en su totalidad.

Las frecuencias de luz se han mostrado como un método muy efectivo de facilitar el retorno al equilibrio a través de la ordenación de la comunicación interna en el organismo.

Cuando se emite una frecuencia que el organismo necesita, tiene lugar un proceso de reajuste como el que se da al afinar con un diapasón un instrumento musical.

La frecuencia aporta información al organismo para que recupere la coherencia del sistema cuántico que regula las células. Si el organismo resuena con la frecuencia emitida, el estrés se reduce inmediatamente, el organismo se autorregula y desaparecen los signos de desequilibrio. Se establece un balance en el sistema nervioso autónomo. Si el sistema no necesita esa frecuencia, no existe resonancia en el organismo y no sucede nada.

Los biocomunicadores

Existen ya al alcance de las profesionales tecnologías que permiten comunicar con el cuerpo en su propio lenguaje de luz. Tecnologías sencillas de utilizar, sin riesgos y de probada eficacia desde hace décadas.

Son dispositivos controlados desde un ordenador o un móvil que emiten frecuencias especializadas en los diferentes niveles del ser humano: el mental, el emocional, el físico y el de la conciencia. Para ello se utilizan modelos matemáticos fractales y fuentes de luz que abarcan estos distintos niveles.

Los biocomunicadores son equipos ideados para comunicar con el cuerpo a través de la luz. Como el cuerpo se comunica y regula internamente por medio de biofotones, cuando éste recibe ciertas frecuencias de luz, entiende la información recibida y responde de una manera inmediata a ella. Por tanto, actuamos en un nivel más sutil que el de la energía: el de la información. De este modo, aplicamos una tecnología parasanitaria no invasiva, que apoya al organismo para que con sus propios recursos recupere la salud.

Las frecuencias son emitidas a bajísima potencia (milivatios), por lo que  no ejercen acción fisiológica. Con el biocomunicador actuamos aportando información.

La función del biocomunicador es facilitar la relajación del cuerpo y la mente, ayudando a liberar el estrés, lo que favorece todos los procesos de autorregulación del organismo.

Son equipos sencillos de utilizar, portátiles y prácticos que sirven para facilitar la regulación de los distintos niveles del ser humano, mediante la liberación del estrés físico y psíquico (mente y emociones).

*Autor: Fernando Sánchez Quintana. Socio de COFENAT (Tarragona)

Para más información ir a la página: www.biocomlux.com

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