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Grafoterapia, el espejo de nuestra escritura

¿Cómo se manifiesta tu escritura en cada momento? ¿Te gusta? ¿La desarrollas con facilidad y soltura, o se te cansa la mano y el brazo? ¿La entienden los demás, o no la entiendes ni tú?. Nuestra escritura muestra exactamente cómo nos desenvolvemos en la vida, qué facultades tendemos a potenciar más y cuál menos, y con qué actitud las realizamos.

Si mejoramos su dinámica —grafoterapia— tendremos un mayor control sobre nosotros mismos, sobre nuestro estado anímico y físico, y sobre la evolución de nuestras actividades y relaciones.

Aunque no seas niñ@ ni estés en edad escolar, puedes aprender a beneficiarte de las ventajas que la “buena escritura” te ofrece. Esmérate en ella, deja que fluya relajada y, en su huella grabada, mira cómo se refleja tu Esencia.

Este novedoso planteamiento se lo debemos al eminente grafólogo Vicente Lledó Parres (1932-1993), quien supo sintetizar, racionalizar y poner nombre a todo cuanto puede llegar a suceder en los grafismos y la escritura en general, y propuso usar el “trazo” como su unidad de medida, tal como lo son el “metro” o el “litro”, para la longitud y el volumen, respectivamente. Con ello establece los fundamentos  para un progreso científico en el estudio e interpretación grafológica, en los que no caben ambigüedades, inspiraciones,  intuiciones o estadísticas particulares.

A los doce trazos representados y numerados en la Figura 1, los designó así:

1.- SUBE/CENTRADO, puesto que su intención es subir y acabar en esa dirección.

2.- BAJA/CENTRADO, ya que baja con la intención de acabar en esa dirección.

3.- REGRESA/CENTRADO, si el trazo lleva la intención simple de finalizar hacia la izquierda.

4.- AVANZA/CENTRADO, si el trazo transcurre y finaliza hacia la derecha.

5.- SUBE/REGRESANDO, cuando el trazo sube con la idea de regresar o ir a la izquierda.

6.- REGRESA/BAJANDO, si va hacia la izquierda con la intención de bajar.

7.- BAJA/AVANZANDO, si baja con la idea de desviarse a la derecha.

8.- AVANZA/SUBIENDO, cuando el trazo se dirige hacia la derecha pero en su final se ve la intención de subir.

9.- SUBE/AVANZANDO, si sube con la idea final de desviarse hacia la derecha.

10.- AVANZA/BAJANDO, si avanza pero con la idea continuar hacia abajo.

11.- BAJA/REGRESANDO, cuando baja con la idea de regresar o desviarse hacia la izquierda.

12.- REGRESA/SUBIENDO, si se dirige hacia la izquierda con intenciones de subir.

Descubrió que cada trazo está implícitamente relacionado con una función nerviosa —neurofisiológica— específica. A saber:

1.- Funciones de absorción y demanda.

2.- Funciones de  organización y autocontrol.

3.- Funciones de selección e identificación.

4.- Funciones de liberación y desprendimiento.

5.- Funciones de observación y prevención.

6.- Funciones de deliberación y creatividad.

7.- Funciones de contención y almacenamiento.

8.- Funciones de adaptación y colaboración.

9.- Funciones de autosuperación y perseverancia.

10.- Funciones de transmisión y comunicación.

11.- Funciones de combatividad y coraje.

12.- Funciones de las reacciones y cambios.

… Y que estas funciones no conciernen sólo al campo psíquico de la persona, sino al de su naturaleza orgánica. De forma que, por ejemplo, cuando concluimos que alguien es “observador y precavido” (función 5), esa misma función rige sobre aquéllos órganos y sistemas especializados en el cumplimiento de tales cometidos: la vista o el sistema inmunitario, entre otros.

Sin embargo, no son los ojos los que ven, ni los oídos los que oyen, sino que es el cerebro el que interpreta las diferentes informaciones sinápticas que recibe de cualquier parte del cuerpo, y dictamina, a continuación, el cumplimiento de una reacción como respuesta. Es decir que, cualquier labor que podamos llevar a cabo con cualquier zona, órgano, etc., así como todas nuestras percepciones acerca del mundo que nos rodea y del propio mundo interior, están programadas y dirigidas por el cerebro.

Así mismo se percató de que existe una correspondencia intrínseca entre cada una de las cualidades dinámicas con que se ejecutan los trazos —trayectoria, velocidad, distancia, fuerza, etc. — y el modo en que se desarrollan las funciones neurofisiológicas, de manera que, cualquier peculiaridad —normal o anómala—que acontezca en éstas, se plasmará visiblemente en la escritura.

Por ejemplo,  la cualidad de “fuerte” resulta muy conveniente para la ejecución del trazo y función número 11 —combatividad y coraje—, mientras que es completamente inapropiado en los trazos y funciones números 8 —adaptación y colaboración—, o 10 —transmisión y comunicación—, ya que en estos últimos, la cualidad que los debería distinguir es la contraria, “suave”.

¿Qué es la grafoterapia?

La grafoterapia consiste en practicar unos entrenamientos grafomotrices diarios con la finalidad de automatizar ciertas mejoras en nuestros hábitos escriturales, de modo que logremos no sólo la fluidez y legibilidad, tan solicitadas hoy en día, sino también la recuperación o mejora de la salud, física o mental.

Para ello es fundamental que consideremos las condiciones externas e internas que influyen en la escritura, tanto para el cumplimiento de sus aspectos puramente mecánicos, como para el dominio de toda la gama de motricidades —gruesa, media y fina; por ese orden—necesarias para su correcta ejecución: altura de la mesa, posición e inclinación del papel, nuestra disposición y postura, así como la de todo el brazo en cada una de sus partes hasta llegar a los dedos, la manera de coger el bolígrafo o lápiz, el control de las tensiones, etc.

Gracias al trabajo con los doce movimientos y su carácter universal, esta técnica permite ayudar a personas que, por diferentes motivos, no sepan escribir, o tengan  alguna incapacidad que afectara a su movilidad, o que su escritura esté formada por caracteres de otras culturas.

Se trata de una herramienta muy eficaz y vanguardista en la que es la misma persona la que, estimulando diferentes sinapsis y funciones nerviosas, consigue   afectar al sistema glandular, y restaurar su propio bienestar. Los resultados, no se hacen esperar: Generalmente, tras una semana de prácticas, cuando no en el mismo primer encuentro con el grafoterapeuta, ya se observan cambios.

De forma inevitable sucede que, si esta estimulación se hace debidamente, la persona se encontrará mejor, mientras que si las prácticas no se ciñen a las normas naturales de ejecución, se sentirá igual o peor. Por ello es recomendable realizar el proceso de cambio y mejora escritural bajo la dirección de una persona cualificada.              

*Autora: Mª Carmen Martínez Darsés -Responsable de la Comisión Científica de Grafoterapia de APTN_COFENAT

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